Proceso de Elaboración del Aceite

La estrella de la Cooperativa Olivarera es nuestro aceite. Sí, ese oro líquido que luego nuestros clientes pueden disfrutar en sus platos nace después de un proceso de elaboración tradicional que va desde el olivo hasta su paladar. ¿Cómo lo elaboramos? Acompáñenos y les mostraremos un recorrido único y especial.

La aventura empieza en el campo, en nuestros olivos. Es allí cuando, en el mes de noviembre, los socios de la Cooperativa comienzan con la dura, pero feliz, tarea de recolección. El trabajo de todo un año da su fruto, con el visto bueno del tiempo, en las mejores condiciones. Y de forma manual, con varas y mantos, los aceituneros, directamente del árbol, velan por la calidad de cada aceituna. El siguiente paso será, por la tarde, llevar el fruto recogido a nuestras instalaciones para su molturación.

En esas tardes de invierno, el patio de nuestra Cooperativa se llena de vida. Al llegar, cada socio toma su número y espera su turno para descargar su aceituna. Una vez bajadas del camión, se procede a limpiarlas de hojas y ramas, mientras se lavan para eliminar cualquier resto de tierra y bario. Es en ese momento cuando se recogen muestras para su analítica de rendimiento y acidez.

Posteriormente, las aceitunas pasan a las tolvas, lugar en el que permanecerán hasta su molturación. Nunca suele ser más de 24 horas y se realiza en una zona de la fábrica alejada del patio en la que comienza el proceso decisivo de elaboración de nuestro aceite de oliva viren extra. Aquí, es el Maestro Almazara quien se torna en el gran protagonista de este tradicional proceso.

Comienza a desarrollarse el noble arte de extraer aceite, donde el sistema de molturación es continuo, sin interrupciones.

La aceituna, en primer lugar, pasa por el molino para romperse totalmente. Esta masa va a la batidora, donde se homogeniza. Después pasa al corazón de la fábrica: el decanter o centrifugadora horizontal. En este lugar se produce la separación de la aceite y agua con el alpeorujo (la pulpa, el hueso y parte del agua de la aceituna). En todo este proceso es vital controlar la temperatura.

A continuación, se abren dos caminos. El aceite y el agua pasan a la centrifugadora vertical y se separan. Nace el aceite de oliva virgen extra, que va a los aclaradores y a los depósitos para su mantenimiento. Por su parte, el agua de lavado llega a un depósito metálico en la planta de compostaje. En cuanto al alpeorujo, lo primero es deshuesarlo y este hueso se utilizará como biomasa: en la planta de compostaje se transformará en abono.

Una vez está producido el aceite, se lleva a la bodega donde descansará en depósitos de acero inoxidable o trujales (depósitos subterráneos). Este almacenamiento debe cumplir tres premisas: proteger de la luz, del calor y del oxígeno. Así se garantiza que las propiedades del producto no vayan a más. Después, en bodega y tras terminar la campaña, llega el momento de probarlo y clasificarlo. 

Después de las catas se deciden la composición para cada una de nuestras marcas: Olipe y Olivalle. Tras elaborar el loto, el aceite se traspasa a la Bodega B, donde se filtra antes de pasar al envasado, proceso que se realiza en una envasadora automática de cuatro chorros. Después, el producto ya está listo para llegar a su destino final: nuestros clientes. Tendrá en sus manos un producto único, tratado con el mayor cariño y devoción posible. Entonces será la hora de disfrutarlo.