H i s t o r i a d e n u e s t r o o l i v a r
La extensión del olivar del sur de Los Pedroches coincide con lo que hace siglos se denominó la Dehesa de la Concordia, un inmenso terreno baldío de más de 42.000 fanegas (unos 300 kilómetros cuadrados) que estuvo adscrito al término de Obejo hasta primeros del siglo XX.
Tras la conquista crisitiana del norte de Córdoba a partir de 1236, el territorio de Los Pedroches se fue articulando, en un periodo que se prolonga durante 300 años, en tres grandes unidades: el condado de Belalcázar, el señorío de Santa Eufemia y las Siete Villas de Los Pedroches.
el escenario
D e h e s a d e l a C o n c o r d i a
Del monte al olivar
U n t r a b a j o d e t i t a n e s
La zona que hoy ocupa el olivar pertenecía a Obejo pero hay abundante documentación que demuestra cómo, desde mediados del siglo XV, los vecinos de Los Pedroches realizan distintos aprovechamientos de este vasto territorio. Principalmente, hay constancia de la realización de rozas para siembra de cereal, de la implantación de colmenares o de la plantación de viñas, frutales e incluso del adehesamiento para pastos de ganado de determinados enclaves.
El crecimiento de la población en los siglos XVI y XVII hace que estas prácticas se incrementen y sea necesario ejecutar deslindes y articular herramientas de gestión que provocaban enfrentamientos no sólo entre los vecinos de Los Pedroches y el concejo de Obejo, sino también con los de Adamuz, Montoro e incluso Córdoba. Las frecuentes disputas legales llegaron hasta 1725, fecha en la que el concejo de Obejo y los de las Siete Villas de Los Pedroches, que tenían término común, firman una especie de paz o concordia para la gestión de los aprovechamientos del baldío denominado a partir de entonces de la Concordia
Siglo XVIII
N u e v a s i d e a s a g r a r i a s
Las ideas ilustradas de los ministros de los Borbones y los cambios que se articularon en el país en el siglo XVIII favorecieron el desmonte y descuaje del terreno que sustituyó el monte mediterráneo original, considerado entonces improductivo, por árboles frutales. Es a partir del siglo XVIII cuando los vecinos de Los Pedroches comienzan a solicitar de forma masiva el permiso para roturar aquellos parajes que plantaban de viñas, olivos, almendros e incluso castaños.
Las ideas ilustradas de los ministros de los Borbones y los cambios que se articularon en el país en el siglo XVIII favorecieron el desmonte y descuaje del terreno que sustituyó el monte mediterráneo original, considerado entonces improductivo, por árboles frutales. Es a partir del siglo XVIII cuando los vecinos de Los Pedroches comienzan a solicitar de forma masiva el permiso para roturar aquellos parajes que plantaban de viñas, olivos, almendros e incluso castaños.
en el corazón de la sierra
L o s p r i m e r o s o l i v a r e s
Hasta entonces, el principal cultivo leñoso había sido la vid, pero durante el siglo XIX estas plantaciones se intensifican en favor de una alternancia del olivo y la vid primero y posteriormente de olivos únicamente. Ya a mediados del XIX, en 1840, Ramírez de las Casas Deza describe como se ha extendido el cultivo por los parajes de Pedrique, La Aliseda o la Sierra del Castaño. Tres décadas después, la plantación había avanzado sobremanera y en 1869 se certifica y legitima la propiedad de las fincas de aquellos que plantaron el olivar mediante la denominada ley de Roturaciones Arbitrarias. Distintos autores sitúan la plantación en 1890 en unas 15.000 fanegas, unas 9.900 hectáreas.
Esta plantación hacía necesaria la transformación industrial del producto y por ello a partir del segundo tercio del siglo XIX comenzaron a construirse molinas de aceite de distintos tamaños y cabidas en la sierra. La aceituna se recogía en las fincas y era llevada directamente a estas pequeñas industrias, donde se extraía el aceite que salía de allí hacia los distintos mercados a lomos de mulas o con carruajes. En 1890 ya existían en Pozoblanco 17 molinas.
Esta plantación hacía necesaria la transformación industrial del producto y por ello a partir del segundo tercio del siglo XIX comenzaron a construirse molinas de aceite de distintos tamaños y cabidas en la sierra. La aceituna se recogía en las fincas y era llevada directamente a estas pequeñas industrias, donde se extraía el aceite que salía de allí hacia los distintos mercados a lomos de mulas o con carruajes. En 1890 ya existían en Pozoblanco 17 molinas.
Los habitantes de la sierra
U n a v i d a a l l í m i t e
En el siglo XX se configuran definitivamente los términos municipales de las Siete Villas de Los Pedroches y la mayor parte del olivar de la Dehesa de la Concordia corresponde a Pozoblanco, Villanueva de Córdoba y Alcaracejos. La plantación siguió avanzando hasta los primeros compases del nuevo siglo y para la década de los años 20 está en su pleno explendor. La Guerra Civil supuso un trauma muy importante en el territorio e incidió de forma muy significativa en el cultivo, ya que el principal frente del sur se estableció justamente entre los olivares de la sierra.
En el siglo XX se configuran definitivamente los términos municipales de las Siete Villas de Los Pedroches y la mayor parte del olivar de la Dehesa de la Concordia corresponde a Pozoblanco, Villanueva de Córdoba y Alcaracejos. La plantación siguió avanzando hasta los primeros compases del nuevo siglo y para la década de los años 20 está en su pleno explendor. La Guerra Civil supuso un trauma muy importante en el territorio e incidió de forma muy significativa en el cultivo, ya que el principal frente del sur se estableció justamente entre los olivares de la sierra.
nuevos tiempos
. . . y n a c i ó l a C o o p e r a t i v a
y con los nuevos medios de locomoción, las molinas dejaron de tener utilidad y la fundación de las Cooperativas en Pozoblanco y Villanueva de Córdoba, la producción de aceite se derivó directamente a los pueblos, quedando sin actividad ya en los años 50 la mayor parte de las molinas de la sierra. La emigración de los años 60 y 70 y la despoblación de los cortijos de la sierra supuso que la mayor parte de estas infraestructuras se abandonara. La gestión y la forma de relación de los olivareros con el paisaje cambió definitivamente.